Desde los orígenes mismos de la humanidad, la conducta humana se enfrenta a la doble posibilidad de ser, precisamente ''buena'' o ''mala'', digna o indigna del hombre.
Desde los orígenes mismos de la humanidad, la conducta humana
se enfrenta a la doble posibilidad de ser, precisamente “buena” o “mala”,
digna o indigna del hombre. Así, la libertad implica siempre el riesgo
humano de escoger tanto una conducta como otra. De ahí lo que en
ética se conoce como ambigüedad humana.
Lo que explica la ética es que, el hombre constitutivamente moral, bueno o malo no puede ser moral ya que la moralidad forma parte de la estructura de la subjetividad humana para bien o para mal.
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